Abre el papel y sale del ser. Teje la mente a través del arte. Se ve y refleja el pasaje a ese planeta. Esta en trance. Flashear es el quehacer que más prende para escapar. Se desprende de la sangre y aprende a meterse en trajes que le quedan grandes.
Nada alcanza. Caza cada palabra perecedera y la trae
a la estrella que enseña. Las letras se van al éter, dejan cables, claves para
entenderse entre ellas. Va al revés de la gente. Lee al revés del mensaje. En el mar revela la verdad
entera que desvela en partes. Se mata y renace eternamente. Cae. Calla al hablarse.
Calma la fé a la vez que bebe de breves preseas artesanales. Exhala y sana.
Cada blanca estela trae astrales parteras para despertar mañanas. Tantas
maneras de aplazar la paz, tanta espera. La marea apresa la presa y trae el
manjar.
Cada vez que crea, cree y recrea la anhelada frase que pretende alcanzar.
Quedan haces, fases que atravesar. Calles para andar. Aletea para llegar a la
meta. Desata antenas de enfermas penas en armas para cantar. Las llaves están encerradas
en cadenas que arden. Altares se elevan entre entes celestes. Raptan las ganas de amarse.
Le quedan balas en la recamara, pequeñas magas plateadas enredadas
en pares de hadas. A veces atrae alhajas verbales para darle alas al karma.
Destella y sella el atardecer. Mata para labrar.
Trascender es la tarea y la cárcel. Extraer perlas de alma para dárselas al hambre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario